| on 07-07-2004 14:54
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Aprovechando la extraordinaria iniciativa de la revista "Surazo" de traer a los mejores windsurfistas al próximo TOPOCALMA INFERNAL 2005, transcribimos un buen artículo realizado a Kauli Seadi por el Fotógrafo inglés BRENDAN PYATT y publicado en el portal de Fuerza 7.
Igual que Francisco Goya, llegado directamente a Maui desde uno de los mejores barrios de Buenos Aires, la historia de Kauli Seadi tiene poco que ver con un origen humilde. Florianópolis, tierra del tenista y también buen surfista Gustavo Kuerten, es una de las desconocidas maravillas del sur de Brasil. Economía floreciente, vegetación desbordante hasta donde empiezan miles de inacabables playas, gente cordial y vida tranquila por todas partes... Siempre que las olas y el viento no supongan, por razones insondables, motivo de terrible nerviosismo y ansiedad. El fotógrafo inglés Brendan Pyatt nos cuenta su estancia como huésped de Kauli Seadi durante diez días. TEXTO Y FOTOS DE BRENDAN PYATT.
Empezamos bien
Cuando conocí a Kauli Seadi durante la Copa del Mundo y surgió la posibilidad de ir a Brasil para hacerle un reportaje en sus olas, no me lo pensé dos veces. Nadie había publicado nada del sur de Brasil pero, a diferencia del viento on shore de Fortaleza, algunas fotos de las olas de Ibiraquera vistas en su ordenador portátil explicaban perfectamente las ganas que tenía el genio brasileño de hacer una escala en casa antes de regresar a Maui. Todo iba viento en popa hasta que el avión comenzó a descender... Al aterrizar en el aeropuerto de Florianópolis el cielo estaba negro y llovía a cántaros. Por un momento pensé que quizás era la típica lluvia tropical, responsable del verdor omnipresente, pero entre el tumulto de las maletas escuché comentarios sobre el mal tiempo que se había metido desde hacía una semana y lo enfadados que estaban los turistas...¡Vaya! Enseguida apareció por allí la sonrisa inconfundible de Kauli enseñándome su mano y, cuando fui a dársela, comprendí que no la levantaba para chocarla sino para mostrarme un dedo entablillado entre láminas de aluminio. Se lo había roto dos días antes haciendo surf. Lluvia y dedo roto... empezamos bien. En el coche hacia Ibiraquera la lluvia se fue haciendo más y más intensa, una ducha que apenas dejaba ver la naturaleza desatada del paisaje.
Kauli's
La casa de Kauli es el sueño de cualquier surfista. Construida enteramente en madera, con un ventanal gigantesco dando al porche y rodeada completamente por bosque tropical, el balcón principal se abre directamente a la vista y al sonido del mar. Aunque al llegar no hacía viento para navegar, las olas no dejaban centrarse en otra cosa... Pensé, sin embargo, que, con su dedo roto, mi anfitrión no iba a poder ir al agua... Primer error: al momento veo que Kauli está haciendo esfuerzos para sacar su jet ski de la cochera con una sola mano. Nos vamos al agua para una sesión rápida de tow-in! La luz está cayendo rápidamente y no voy a poder hacer buenas fotos pero no hay nada como meterse al agua para quitarse la modorra del viaje.
Con Konan
Durante el viaje estuvimos acompañados por Konan Lange, amigo de Kauli y compañero de navegadas de toda la vida que desde hace un par de años hace también la Copa del Mundo. Es un superdotado del freestyle y muy bueno, por supuesto, en olas. Estuvo muy bien que se viniera. Es un tío más tranquilo y, aunque muy eficaz a la hora de perseguir la navegación de Kauli con la moto de agua por entre las olas, evitaba hacer demostraciones entre foto y foto sin impresionarse por las tomas de riesgo de un Kauli claramente sobreexcitado por la cámara. El padre de Konan ha dedicado su vida al mar. Buen surfer, windsurfer y kiter, es un verdadero pez, gran fuente de apoyo y motivación para su hijo. En realidad, toda la familia Lang le da a los deportes de agua y la mitad de su casa es un taller-almacén de tablas y todo tipo de juguetes acuáticos mezclado con un gimnasio donde hacen pesas y estiramientos. La parte superior de la casa también da al mismo lago salado que la de los Seadi. Algo debe tener esa agua que produce talento.
Samba de izquerda a derecha
El segundo día amaneció soleado y con todos los miles de árboles circundantes balanceándose. Un paraíso. En ese y en todos posteriores días de mi estancia aprovechamos el viento suave de las mañanas para navegar, dejando el surf para la tarde. Fueron un par de días de izquierda, luego uno de derecha y luego vuelta a la izquierda. El otoño en el sur de Brasil es un super campo de entrenamiento para windsurf y después de conocer sus condiciones comprendes porqué Kauli anda tan bien de los dos lados. Navegamos en un puñado de picos elegidos entre una multitud de posibles spots que hay en todo el área. Konan y Kauli tienen una veleta en el cerebro a la hora de dar con las mejores olas con viento cruzado: se bajaban del coche, miraban al mar y, después de mover la cabeza hasta poner la nariz exactamente en la dirección del viento, sabían perfectamente a dónde había que ir. No fallaban. La variedad de condiciones en esta parte del mundo es increíble: desde lagos salados al borde de la playa hasta olas de surf con brisa side off o arrecifes destinados a aprovechar toda la fuerza del océano sobre una tabla de windsurf.
Los Seadi
Obviamente, los padres de Kauli también han tenido una gran influencia en él. Su padre, Ricardo, es entrenador de tenis y un buen surfista de toda la vida. Su madre, Claudia, trabaja en una consulta de Feng-shui. La casa de los abuelos está a un tiro de piedra de Florianópolis y durante una cena a base de pescado preparado por una tía de Kauli, fuí presentado allí al resto de la familia. Todos tienen la misma energía que Kauli y son extremadamente hospitalarios. Estuvo bien comprobar lo orgullosos que están con su prodigio brasileño del windsurf. Durante la cena me contaron muchas historias de cómo el joven Kauli fue creciendo cerca del agua hasta ser lo que es hoy. Ricardo Seadi empezó a entrenar a su hijo en tenis desde muy pequeño. Así, aunque Kauli tuvo su primera tabla de surf a los cuatro, sus primeros años estuvieron enfocados a la raqueta, no al windsurf. A los doce, siendo un buen tenista pero sin una proyección extraordinaria como la de su ídolo Gustavo Kuerten, también de Florianópolis, el temperamento de Kauli le hacía venirse abajo rápidamente y fue entonces cuando empezó a practicar windsurf por recomendación de su nuevo entrenador como terapia para dar salida a la frustración que la competición le provocaba. Resultó estar mucho más dotado para el agua que para la tierra batida.
Kauli shapes
Iván Floater, el shaper responsable de sus tablas desde sus inicios, vive a un paso de su casa. En su taller completamente equipado, Iván desarrolla su fabrica propia, y las tablas de Kauli. Es un verdadero profesional y durante mi visita al taller pude presenciar una conversación entre ellos sobre las peculiaridades de las tablas de Kauli. Se plantean el diseño de las tablas como un juego de equilibrio muy preciso en el sentido de que cada cambio en el diseño de una tabla puede suponer alguna ganancia pero, irremediablemente, también alguna perdida. La forma de sus tablas ha evolucionado muy despacio y contiene muchísimas valoraciones de Kauli. En realidad, son una parte importante de su estilo único. Son tablas muy cortas pero no son más anchas de lo normal, simplemente son más cortas y con menos volumen. Cortas, finas y con poco volumen para adaptarse bien a la forma de la ola y dejarse llevar con precisión y sin frenarse en el giro canto a canto. Esto le permite un surf más expresivo, cercano a los giros instantáneos de un trifin de surf.
Entre ola y ola
Kauli entrena freestyle antes de las competiciones pero su concentración real está en las olas, su pasión verdadera. Teniendo esto en cuenta, su segunda plaza en el Circuito de Freestyle de este año es un dato curioso. En el fondo él está convencido de que el freestyle es una manera de mejorar su navegación en olas, no tanto por poder añadir un Grubby a la surfeada de una ola durante una manga sino por la infinita coordinación de movimientos que el cerebro adquiere cuando sacas nueve de cada diez intentos de Flaka Diablo. Respecto al Super X, disciplina en la que Kauli comenzó siendo líder, está a punto de abandonarlo debido a la evolución que está tomando: al principio estaba mucho más orientado al freestyle pero con el tiempo se parece cada vez más al racing. El Flaka y el Grubby durante el recorrido se han suprimido, los bordos se han hecho mucho más largos y la mayoría de las salidas se hacen ahora desde el agua, no con una liebre en la playa. Kauli reconoce, no obstante, que estos cambios son buenos para popularizar la disciplina.
No Fear
Preparando esta historia, pregunté a algunos editores cosas que quisieran saber sobre Kauli. Salieron muchas preguntas pero varios coincidieron en querer saber si es que no tiene miedo a nada. Desde apurar al máximo en Jaws, romper el trampolín de la rampa de saltos en Londres o lanzarse a un Push Loop off the lip en un Hookipa monstruoso, Kauli reconoce que cuando de verdad se asusta es cuando ve estas cosas grabadas en video. En el momento, simplemente piensa que puede hacerlo. Realmente es un tipo ordenado y el entrenamiento formal en un deporte desde muy temprano le ha ayudado a ser un deportista equilibrado. En el lado opuesto, su espíritu brasileño (digamos que Kauli se cuida pero no es un histérico de la salud; en realidad es difícil de imaginar un entrenador del tipo Scott Sánchez y su Maximum Performance Group en Brasil) hace que Kauli aparente no tener miedo ante un desafío cuando en realidad todo responde a creer en si mismo.
A una mano
Al llegar a Florianópolis me había quedado muy fastidiado pensando que había hecho un largo viaje para encontrarme con un windsurfista lesionado. Sin embargo, a pesar de su dedo roto, Kauli estuvo dispuesto a navegar todos los días y lo dio todo en el agua. Fue algo digno de verse, remontando olas super potentes enchufado al arnés y con la mano colgando, usándola sólo para lanzarse contra el labio o sacar saltos que para casi todos nosotros serían un sueño. Al final del viaje le acompañé al hospital para que le hicieran una revisión y, como cabía esperar, dijeron que el hueso no había soldado en absoluto y le preguntaron si no le estaba doliendo. Dijo que sí y, finalmente, el médico, poniendo un gesto serio, dijo que si no se le soldaba rápido habría que operar para poner unas grapas en el hueso. Tuve que conducir yo hasta el aeropuerto ya que salió del hospital con la mano enyesada y en cabestrillo. Sentado en el avión, viendo el gran verdor por la ventanilla, me sentía ahora un poco culpable por la charla del médico... aunque se me pasó al recordar las palabras de Ricardo Seadi cuando dijo que, habiendo condiciones, nunca había conseguido evitar que su hijo fuera al agua.
Nota: Extraído de www.windandfly.com el portal de FUERZA 7 |
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