Seguridad en Windsurf - Parte II PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Fuerza 7   
Modificado el ( viernes, 15 de agosto de 2008 )
 
on 07-06-2008 22:26

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Chapucear para escapar
Mástil, botavara, pie de mástil o quilla, estas son la cuatro partes que nos pueden dar problemas, ya sea por su rotura, por la rotura del cabo que las asegura como en el caso de la botavara, o por perdida en el caso de la quilla. También es posible que se desfonde el tope de la vela, quedándose ésta arrugada y con un metro de mástil saliendo por arriba pero, incluso con una tabla pequeña, este problema no debe suponer más que perdernos una buena sesión o tener que andar un trecho de playa: a trancas y barrancas podremos volver a tierra.

 

Desmontar en el agua sin perder nada
Se trata de una técnica sencilla de memorizar para poder desmontar el aparejo y amarrarlo a la tabla sin que en ningún momento pueda perderse ninguna pieza. Puede resultar muy útil en caso de romper el mástil cuando estamos navegando en olas y alguien nos tiene que remolcar o, en caso de no tener ayuda, vernos en la situación de tener que atravesar la rompiente para llegar a la playa. También, y en un caso mucho más alarmante, ésta es la única manera de volver a la playa con todo el equipo cuando nos hemos quedado tirados: ¿quién no se ha visto sorprendido alguna vez por una súbita bajada de viento y, a los cinco minutos, comprobar que lo que ahora sopla es una penosa brisa de tierra? Como todos sabéis, la norma general es no abandonar el material en ningún caso, ni la tabla ni la vela, pero, ¿qué hacemos si vemos que nos estamos alejando lentamente de la playa sin posibilidad de hacer waterstart? La tabla nunca la vamos a abandonar, evidentemente, pero ¿y el aparejo que no nos deja remar hacia tierra? En casos puntuales (corriente que nos lleva hacia mar adentro) lo más eficaz puede ser soltar el aparejo y remar con fuerza hacia la playa, pero en general no hay que tomar esta decisión drástica: por un lado están los euros que nos ha costado el aparejo y por otro la posibilidad de que el viento suba y podamos volver a navegar con nuestra vela. Conociendo esta técnica tenemos una segunda opción.


Paso nº 1: Aflojar el cabo de abajo pero teniendo cuidado de hacer un nudo de seguridad en el extremo de éste para que se quede pillado en el último pase de la polea y la vela no pueda llegar a separarse de la tabla en ningún caso.

Paso nº 2: Soltar el cabo de la escota de la botavara.

Paso nº 3: Separar el cabezal de la botavara del mástil.

Paso nº 4: Deslizar la botavara hacia abajo, hasta dejarla apoyada sobre la tabla, y atar el cabo de la escota en el footstrap trasero para asegurarla a la tabla.

Paso nº 5: Ya que la vela está asegurada a la tabla podemos sacar el mástil de la funda sin que ésta pueda escaparse.

Paso nº 6: Pasamos primero la base del mástil (parte de abajo) en uno de los footstraps delanteros y después el tope (parte de arriba) en el otro. Si es un mástil fino caben las dos partes en un solo footstrap.

Paso nº 7: Nos dirigimos hasta el extremo de la vela y la enrollamos lo más ajustada que podamos.

Paso nº 8: Colocamos la vela sobre la tabla y la aseguramos por ambos extremos: en el pie de mástil con el cabo de la amura, aprovechando para amarrar bien la botavara, y en el footstrap trasero con lo que sobra del cabo de la escota o con un cabo de seguridad.

Ya está todo ensamblado y asegurado a prueba de olas. Ahora podemos nadar y llevar el bloque empujándolo de vez en cuando o subirnos y remar hacia la playa... ¡Buen desembarco!



3) Náufrago por unos minutos:


Técnicas de autorescate
Pongámonos finalmente en el peor de los casos: tirados en el mar con viento de tierra (si el viento sopla de mar la cosa normalmente no pasará de perdernos una buena sesión), ya sea por bajada repentina del viento, por subida exagerada de éste o por rotura del material. Por supuesto, lo primero es pedir ayuda instantáneamente, sin dudar, por fácil que parezca la situación, olvidándonos de nuestro ego y poniéndonos en el peor de los casos desde el primer momento, no vaya a ser luego demasiado tarde. Lo haremos sentandonos en la tabla y haciendo señas con los brazos para que nos vean los demás windsurfistas o alguien que esté en la playa. Si no hay nadie alrededor pero hemos tenido la precaución de llevar un teléfono móvil, marcaremos el 900 202 202 y el 112, números que llevaremos metidos en la memoria, y explicaremos con claridad nuestra situación y las referencias visuales para nuestra localización... A partir de aquí, mientras llega o no llega el rescate, lo primero y más primordial es mantener la calma para poder evaluar la situación con claridad y tomar la decisión acertada. Más vale perder unos minutos analizando qué opción tomar, que perder una hora de tiempo y energías para darnos cuenta después que estamos peor que al principio. Veamos los diferentes supuestos:

Si el viento es demasiado fuerte para nuestro nivel y no conseguimos navegar más de veinte metros seguidos sin salir catapultados, jamás soltaremos el aparejo para intentar llegar a tierra remando sobre la tabla: es imposible luchar contra el viento y sólo conseguiremos que éste nos arrastre diez veces más rápido que con la vela metida en el agua. Es duro decirlo pero en este caso sólo cabe asegurarse al material mediante un cabo entre el arnés y el pie de mástil y esperar sentados en la tabla a que llegue el rescate o el viento se suavice. En tal caso, obviamente, no hay que obsesionarse con volver al punto de partida, al coche. Lo primordial es llegar al punto más cercano de la costa antes de que se nos acaben todas las energías.

Si el viento ha bajado tanto que no conseguimos ceñir hay que estar rápidos de reflejos y tirar inmediatamente de través o en ligera ceñida hacia cualquier punto de la costa, planeando o sin planear, sin obsesionarse por intentar llegar hasta el coche. Si nos quedamos en la zona intentando ceñir puede ser que el viento termine de bajar y nos veamos en una situación mucho peor.

Si el viento cae por completo y no podemos siquiera mantenernos encima de la tabla está claro que la única opción es remar hacia la playa. Si estamos a veinte metros de distancia lo lograremos fácilmente arrastrando del aparejo pero si la distancia nos hace dudar sobre si vamos a poder llegar o no de esta manera, será momento de evaluar qué hacer: si vemos que pasan unos minutos y simplemente estamos parados en el mismo sitio, aplicaremos la técnica de desmontar en el agua sin perder nada (explicada en la página enfrentada) para poder avanzar con facilidad, ya sea nadando y dando empujones al equipo que va amarrado en la tabla o bien remando encima de la tabla y el material. Por el contrario, si notamos que la corriente tira claramente hacia mar adentro, es posible que haya que tomar la decisión drástica de soltar el aparejo y remar con fuerza hacia la playa.

Si el problema es una rotura de material habrá que ponerse inmediatamente manos a la obra para aplicar alguna de las argucias que explicamos en las dos páginas siguientes... ¡Prohibido quedarse bloqueado!

1 Mástil roto:
Es la rotura más grave y, desgraciadamente, también la más habitual y la más difícil de prever: es imposible saber cuando se va a romper un mástil por fatiga del material y, aún peor, ¡con los 100% carbono de race ni siquiera usando un mástil nuevo estamos a salvo de este percance!

  • Supuesto 1: estar navegando con tabla pequeña y romper el mástil

Sólo podemos hacer una cosa: pedir ayuda, recoger todo el material siguiendo el método de Desmontar en el agua sin perder nada y remar hacia la costa esperando que alguien nos vea o nos eche de menos mientras tanto. Hay que tener en cuenta que navegando en olas, normalmente el viento no es de tierra, de manera que antes o después el mar nos devolverá a la playa. Se trata por tanto de desmontar en el agua y amarrarlo todo bien en la tabla para no perder nada cuando lleguemos a la zona de rompiente.

 

  • Supuesto 2: estar navegando con tabla grande y romper el mástil

A primera vista la situación es mejor si rompemos el mástil sobre una tabla grande que sobre una de olas ya que tenemos más flotación, sin embargo, la verdad es mucho menos amable: con tabla grande es mucho más habitual encontrarnos más alejados de la costa, frecuentemente en solitario y, lo que es peor, con viento de tierra en muchas ocasiones. Es posible que el mástil haya cascado parcialmente, quedando quebrado pero sosteniéndose en tensión sobre la funda del mástil. En este caso seguiremos navegando sin hacer movimientos bruscos ni intentado ceñir necesariamente para volver hasta el coche sino, simplemente, llegar a tierra y salvar el pellejo, aunque sea lejos del punto de partida.
En el caso de que el mástil haya cedido completamente y, como decimos, estemos solos, alejados de la costa y con viento de tierra (situación imprudente donde las haya pero nada inverosímil entre los que hacemos travesía con tabla de Formula) se trata del caso más extremo en el que nos podemos encontrar, realmente en peligro y, por supuesto, lo primero es pedir socorro por el móvil tanto a algún amigo como a Salvamento Marítimo (900 202 202) y al 112. El teléfono, siempre a tope de batería, es una arma imprescindible en estos casos pero no siempre hay cobertura... En todo caso, mientras llega el posible rescate, hay que conservar la sangre fría y no caer en el bloqueo mental: se trata de reorganizar el aparejo para poder navegar con la parte inferior de la vela, la que queda en el trozo de mástil válido, generalmente desde unos veinte centímetros por encima de la botavara.

 

  • Solución 1: Si hemos tenido la precaución de llevar una hoja pequeña de sierra de metal en nuestra mochila o riñonera de salvamento, en un momento puedes cortar las astillas de fibra del mástil y las partes de la funda del mástil rasgadas y enganchadas en el mástil roto, facilitando al máximo la manera de deshacernos del trozo de mástil roto. Después, podemos dejar la parte superior de la vela al pairo o, con un cabo de seguridad, atar el tope de la vela al tubo de la botavara que va a quedar por sotavento en nuestro bordo hacia la playa. Estaremos navegando en menos de diez minutos.

 

 

  • Solución 2: Si no tenemos hoja de sierra se trata de sacar la parte rota del mástil de la funda para poder navegar. Para realizar esta maniobra es necesaria una buena dosis de sangre fría ya que requiere bastante tiempo nadando, especialmente si llevamos una vela grande con cambers. Es posible que la parte rota del mástil salga fácilmente de la funda por la rotura hecha en ésta al romperse pero generalmente no es así y hay que prodecer igual que en el caso de Desmontar en el agua sin perder nada sólo que, en vez de enrollar la vela y ponerla sobre la tabla, deberemos volver a reorganizar el aparejo una vez que nos hemos librado de la parte rota del mástil: metemos de nuevo la base del mástil por la funda, metemos el alargador en el mástil (¡Ojo!, jamás desenchufar el pie de mástil de la tabla ya que, además de poder quedarnos fácilmente sin aparejo o sin tabla, puede llegar a ser imposible volverlo a meter en caso de viento fuerte y mar agitado) y tensamos de abajo todo lo que podamos. Después ajustamos el cabezal de la botavara en su sitio y, finalmente, o dejamos la parte superior de la vela al pairo o, con un cabo de seguridad, atamos el tope de la vela al tubo de la botavara que va a quedar por sotavento en nuestro bordo hacia la playa.... Complicado, ciertamente, pero la única manera de intentar volver a la costa por tus propios medios si el viento es terral.

 

 

2 Pie de mástil roto
Por mucho que hayamos comprobado el estado del pie de mástil siempre nos puede dejar tirados, ya sea por un aterrizaje demasiado bestia que ha roto el tendon joint y su cabo de seguridad de un golpe, por defecto de fábrica del espárrago de la bala, por rotura del enchufe o de la cazoleta, etc, etc, etc, así que ninguno estamos a salvo de vernos un día en el agua con la tabla por un lado y la vela por otro: en este caso, invariablemente, lo primero es recuperar la tabla antes que el aparejo. Una vez sobre la tabla remaremos hasta el aparejo y, desenrollando el cabo sobrante del pie de mástil, lo ataremos bien al cabo de seguridad del tendon (foto 1, caso de bala o cazoleta rotas) o, si el tendon y su cabo son los rotos, desenroscando un poco la base, pasando el cabo entre ésta y la tabla (foto 2), ajustando un nudo lo más próximo posible para que el enchufe pise en el cono protector (foto 3) y apretándola de nuevo.

3 Quilla rota

Cualquier quilla puede romperse de repente, en pleno planeo y sin chocar con nada (en fin, algunas se rompen más de repente que otras). En tal caso la tabla se queda sin agarre y resulta difícil, aunque no imposible, navegar de través. Dependiendo de la dirección del viento y de la habilidad de cada uno, optaremos por navegar medio en spin out hacia la playa (caso de viento lateral o de mar) o ciñendo después de quitarnos el arnés y colocarlo debajo de la tabla, en la zona de la quilla, pasando el gancho por dentro del footstrap trasero para que no se escape. Esto hace una buena fuerza anti deriva que nos permite navegar sin hacer spin out pero, obviamente, no nos podremos colgar del arnés y los brazos se cansarán rápidamente. Cada uno debe decidir qué hacer en ese momento pero, normalmente, este problema no debe suponer entrar en verdadero peligro salvo en el temerario caso de travesía en Formula en solitario y con viento de tierra antes comentado (llevar una quilla de repuesto, aunque sea pequeña, y un destornillador para hacer una sustitución de emergencia parece la única precaución válida en este caso).

4 Botavara rota
He aquí la segunda madre del cordero, después del mástil, en lo que a roturas en navegación se refiere. La botavara es otro de los elementos que puede partir sin previo aviso, bien por rotura del cabo que cierra el puño o por rotura de la botavara propiamente dicha. En ambos casos, por fortuna, la solución es mucho menos aparatosa que en el caso del mástil.

1) Rotura del cabo, ¿qué hacer?

Antes que nada, soltaremos el cabo de la escota y sacaremos la botavara por arriba, por supuesto sin desenchufar la tabla del aparejo, y nos sentaremos tranquilamente sobre la tabla con la botavara en las manos. Si hemos tenido la precaución de llevar un cabo de emergencia, simplemente sacaremos el viejo y colocaremos el de emergencia, aunque sea más fino. En este aspecto es importante saber cómo va el cabo en el cabezal, muy sencillo aparentemente pero no tanto cuando estás en el agua: conviene hacer esta operación unas cuantas veces en tierra para poder hacerlo casi sin pensar. Lógicamente, si vemos que no conseguimos aclararnos sobre cómo pasar el cabo (más que probable en caso de estar en apuros), aseguraremos de cualquier manera el cabezal al mástil lo mejor que podamos y volveremos navegando con la botavara medio caída pero navegando al fin y al cabo.
Si no tenemos cabo de seguridad, simplemente sacamos el cabo roto y nos quedamos con la parte más larga. A continuación sacamos el cabo de la escota y lo ponemos en el cabezal, usando el trozo restante del cabo roto del cabezal para tensar la escota, aunque sea con un solo pase por el ollao. Si este es demasiado grueso para los pases de la escota, haremos una simple lazada entre el ollao de la vela y el puño de la escota lo más tenso que podamos. Ya sólo queda volver a colocar la botavara y salir pitando hacia la playa.

2) Rotura de uno de los tubos, ¿qué hacer?
Lo primero que hay que decir es que muchas veces se puede romper el tubo por dentro del cabezal, notandolo perfectamente en las manos pero sin que llegue a salirse de su sitio. Por supuesto, traslucharemos inmediatamente y volverermos a tierra. Si el brazo cede completamente, ya sea por delante (cerca del cabezal) o por detrás (puño de escota), pero no es el del bordo que debemos tomar para volver a tierra, simplemente navegaremos hacia la playa con toda la suavidad que podamos. En el caso de que el tubo roto sea el que necesitamos usar para regresar a tierra, hay que soltar la botavara, sacarla y colocarla en su sitio boca abajo, para navegar con el tubo sano hacia tierra. Si la distancia a recorrer es muy larga o nos resulta imposible navegar con el tubo del otro lado tocando en el agua, necesitaremos hacer uso del cabo de seguridad para unir el tubo roto entre sí o con el cabezal y que no nos moleste.

3) Rotura en dos del cabezal, ¿qué hacer?
Es posible que rompamos la pieza del cabezal que ajusta al mástil, quedando intacto el arco delantero de la botavara pero suelto del mástil. En este caso utilizaremos el mismo cabo del cierre o uno de seguridad para, después de haber aflojado de atrás, unir lo mejor que podamos la botavara al mástil y volver navegando. Sin embargo, también puede ocurrir que ceda el cabezal por la mitad, resultando imposible asegurarlo al mástil de ninguna manera. En este caso hay que sacar la botavara por arriba, unir ambas partes del cabezal con un cabo y dar la vuelta a la botavara, de manera que ponemos el puño de escota en el mástil y el cabezal en la escota de la vela. Cogemos el cabo de la escota y le damos varias vueltas sobre el mástil, pasándolo finalmente por el trincadrizas del puño de escota. Es una solución llamativa pero fácil y absolutamente eficaz para regresar a tierra.

Conclusión
Terminamos este reportaje con las mismas palabras con las que empezábamos, algún día, por diferentes circunstancias, podemos ser nosotros los implicados en un naufragio o los que tengamos que reaccionar para ayudar a alguien , confiando en que algunos de los consejos que hemos explicado sirvan a alguien para saber cómo reaccionar en caso de alarma. También, para que todos recordemos el respeto que hay que tener al mar y al viento de tierra... No seamos temerarios, ¡mejor no tener que utilizar nunca ninguna de las argucias aquí explicadas!

 

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